viernes, 14 de mayo de 2010

El evidente riesgo del Sistema Nacional de Salud

Gaspar Llamazares / Presidente de la Comisión de Sanidad del Congreso y portavoz parlamentario de IU

Nuestro Sistema Nacional de Salud parece vivir un periodo de supuesta ‘calma chicha’. Esta aparente tranquilidad se ve alterada por dos debates sobre los que debemos pronunciarnos claramente desde la izquierda. El primero es el relativo a la insuficiente financiación de los servicios transferidos y a la necesidad de elevar sustancialmente la misma. Esto se da bien por la infravaloración de la transferencia, bien por la no actualización del volumen de población, por la asunción de nuevas prestaciones o la demanda en progresión por parte de la población.

El otro debate se produce en el interior de las Comunidades Autónomas y tiene que ver con la gestión de ese servicio. Así, desde el momento de la aprobación de los Estatutos y del inicio del proceso de transferencias el debate gestor ha ocultado cualquier referencia al modelo sanitario, como si los principios y objetivos del Sistema Nacional de Salud de la Ley de Bases de Sanidad de 1986 fueran motivo de consenso. En el fondo, lo que está claro es que la derecha política y una parte de la izquierda liberal lo han venido cuestionando desde sus comienzos.

Lo habitual ha sido eludir el debate sobre política sanitaria con el manido recurso de los buenos resultados en salud del modelo y la opinión favorable de los ciudadanos. La autosatisfacción y la equidistancia se han garantizado, no sólo por la convergencia entre los partidos de gobierno (que en el Estado y Comunidades Autónomas son los dos mayoritarios) si no también por el equilibrio de fuerzas entre los distintos intereses y organizaciones que intervienen en el sector de la salud.

Sin embargo, este equilibrio es inestable. Lo cierto es que a lo largo de la última década y en el contexto de las políticas neoliberales en Europa las corrientes de fondo de los servicios públicos y de nuestro Sistema de Salud han estado protagonizados por la duplicidad de sistemas (Muface), la externalización y la privatización de servicios, la ‘medicalización’ de la enfermedad y la transformación del paciente en consumidor.

Sin apenas darnos cuenta, sin debate público ni modificación legal significativa, nuestro sistema sanitario pasa muy rápido de derecho de ciudadanía a ser un bien de mercado y, con ello, sus prioridades también cambian de los objetivos de salud de los ciudadanos a rentabilidad económica para el sector privado. Este proceso de privatización y mercantilización del Sistema Sanitario es significativo, aunque no lo sea el debate público más que en alguna Comunidad como Madrid o el País Valenciano, donde las medidas adoptadas han sido muy duras.

Existe un riesgo evidente de configurar el Sistema Público como sistema de mínimos para la población en general, mientras el sistema privado sería el de referencia de los sectores de mayores rentas e influencia, quebrando con ello la universalidad del Sistema Nacional de Salud. Mientras, el Pacto de Estado para la Sanidad surge sólo en torno a los debates tópicos de la financiación y la gestión.

Nuestra prioridad es sacar a la luz las corrientes de fondo que cuestionan el Sistema Público de Salud y abrir el debate público de políticos, sectores y ciudadanos sobre las medidas para su defensa. En torno a ellas son necesarias alianzas entre partidos, sindicatos, organizaciones profesionales, sociedades científicas, usuarios, etc.

Por ello, proponemos un Pacto Político basado en un acuerdo de izquierdas. Una primera prioridad es frenar el copago, lo que culminaría la mercantilización del Sistema. Debe revisarse la Ley 15/97 y la Ley de Contratos del Sector Público como marcos legales para la política de privatizaciones. Ello debe unirse en las Comunidades a la evaluación crítica de las privatizaciones, su denuncia y reversión pública.

Un segundo objetivo es garantizar la universalidad del Sistema Nacional de Salud, contemplada en la Ley de Bases que preveía la incorporación de todos los ciudadanos.

También se debe recuperar la integralidad de la atención reorientando el Sistema hacia la atención primaria, la prevención y la promoción de salud, sometiendo a control la medicamentalización y las tecnologías sanitarias.