lunes, 26 de abril de 2010

Llamazares respeta "Un poder judicial independiente, no absoluto".

y critica que Varela interprete "de forma sesgada y contradictoria las leyes de amnistía y de memoria histórica"

El portavoz parlamentario de IU afirma en el desayuno informativo del Fórum Europa que “la derecha hace todo lo posible para que su discurso medido en relación al franquismo no le lleve a una ruptura de su extrema derecha”

(Madrid, 26 de abril 2010).-
El portavoz parlamentario de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, ha mostrado hoy su respeto hacia el actual Estado de Derecho, donde “el poder judicial es un poder independiente en nuestro sistema democrático de equilibrio de poderes, pero no es un poder absoluto”. A su juicio, el poder judicial, entendido democráticamente, “no tiene el monopolio del dogma jurídico”, ni “tampoco puede actuar de manera inquisitorial y no tiene legitimidad para el linchamiento de ningún juez, ni de las víctimas del franquismo”.

Llamazares hizo esta valoración durante su intervención en el desayuno informativo del Fórum Europa, organizado como es tradicional por Nueva Economía Fórum en el madrileño Hotel Ritz. En este ámbito de debate, al término de su conferencia respondió a las preguntas de los asistentes, buena parte de ellas centradas en la causa abierta en el Tribunal Supremo contra el magistrado de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón por un supuesto delito de prevaricación por tratar de investigar los crímenes del franquismo.

El diputado de IU aseguró con meridiana claridad que, tras leer los sucesivos autos dictados sobre este caso, le “repugna” la instrucción llevada a cabo por el juez del Supremo Luciano Varela, ya que en ellos realiza “una interpretación sesgada de la ley que tiene mucho de negacionismo del franquismo y de tergiversación de la transición democrática”.

“Como parlamentario –razonó de forma pormenorizada- me repugna porque la interpretación tanto de la Ley de Amnistía como de la de Memoria Histórica es contradictoria con su preámbulo, con los debates parlamentarios y con el texto legal”. Resumió este análisis indicando que “se puede reconocer el derecho a la interpretación a las leyes, pero no a la interpretación sesgada de la ley”.

Llamazares indicó que el pasado sábado asistió a “un acto democrático”, que incluso llegó a calificar como “acto de justicia poética”, en referencia a la manifestación celebrada en Madrid, al igual que en otras capitales españolas y en otros países, en contra de la impunidad del franquismo.

De forma más genérica, valoró lo que está pasando en relación a este tema como un “ataque que viene del franquismo sociológico que pervive, que desprecia la política pero lo que quiere es tenerla en monopolio”.

“El problema en España –dijo- es que el negacionismo del franquismo no es de un partido minoritario o ilegal, sino de un bloque democrático incorporado a la vida democrática que niega el franquismo”. Por este motivo, calificó de “impresentable” la actitud que mantiene el PP en esta cuestión, al considerar que “la derecha está haciendo todo lo posible para que su discurso medido en relación al franquismo no le lleve a una ruptura de su extrema derecha”.

Llamazares insistió en que mientras “la izquierda ha hecho un esfuerzo de reconciliación”, la derecha “no se ha reconciliado con el resto de los ciudadanos. No ha roto aún su cordón umbilical con el franquismo y quiere que eso se traduzca en poderes del Estado como el Judicial”.
A preguntas sobre las perspectivas de recuperación del proceso de Memoria Histórica, señaló que la izquierda tuvo que “aceptar ambigüedades y renuncias” para que se pudiera aprobar, y lamentó que eso se haya convertido ahora en “una daga que está pinchando por la traición en la interpretación de la ley”.

Para Gaspar Llamazares, “si la ley hubiera anulado todos los juicios de los tribunales franquistas y hubiera planteado que es responsabilidad pública todo lo relativo a las exhumaciones”, se hubiera podido ahorrar el “trago amargo” de lo que está pasando en estos momentos.
En el mismo contexto, reivindicó la Transición, pero advirtió de que ahora surgen “nuevos retos y objetivos” que llevan a que las nuevas generaciones “no tengan hipotecas para que se anulen los juicios del franquismo y que las familias puedan honrar a sus víctimas”.

En otro orden de cosas, Llamazares denunció el “deterioro y el desprestigio de la política” al que llevan actitudes como la que mantiene el PP, formación que no se limita a hacer oposición sino que “apuesta por la deshumanización del adversario y la desestabilización política”.

Reconoció que le preocupa esta forma de entender la acción política, ya que convierte al adversario político en “enemigo público”, en el marco de una estrategia donde “el insulto está a la orden del día” y que pasa por utilizar los resortes del Estado para la “neutralización” de la política del Gobierno.

Por otra parte, criticó al Gobierno socialista por “renunciar a aplicar una política de izquierda”. En su opinión, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha “desaprovechado” la oportunidad de hacer una política de izquierda alternativa y “ha cometido el error de no reconocer la crisis, y cuando no se reconoce algo difícilmente se va a poder afrontarlo con medidas acertadas”.
A su juicio, a ciertos políticos les hace falta “humildad” y entender que a los ciudadanos hay que explicarles “tanto lo que se consigue como lo que no, así como las limitaciones objetivas” que impiden muchas veces alcanzar los objetivos deseados.

Abogó por recuperar la “ética de la política” y, a preguntas de los asistentes, se mostró confiado en poder volver a ilusionar a la sociedad, pese a que “la política entra en crisis ya que cada vez decide menos sobre el presente y el futuro de los ciudadanos y éstos lo notan y se alejan de ella”.
En materia económica, Gaspar Llamazares manifestó que le parece “un insulto lo que está pasando en Grecia”, ya que evidencia la necesidad de “cambiar el sistema financiero internacional, ya que quienes han provocado la crisis pretenden pasar factura al Estado”.

Señaló que el caso de Grecia ha puesto a la Unión Europea “en el brete de tener que decidir si apuesta por una Europa fuerte, unida y con una hacienda pública propia” o por otra que cede a las presiones de los mercados, en la que no está excluida la expulsión de Grecia de la UE”. A su juicio, “la gente no vota en las elecciones europeas por cosas como ésta, donde la política brilla por su ausencia”.